El brote del coronavirus, que apareció en diciembre pasado en la ciudad de Wuhan, en el centro de China, no da tregua en el mundo, donde más de 5.4 millones de personas han sido contagiadas y más de 346 mil han fallecido. En tan solo seis meses de circulación por los cinco continentes, el también llamado Covid-19, acabó de tajo con el crecimiento global alcanzado en la última década, ante la parálisis de un alto número de empresas y la pérdida de cerca de 30 millones de empleos, la mayoría de ellos en Estados Unidos, como consecuencia de la recesión económica mundial.
Aunque los esfuerzos de las autoridades sanitarias y de los gobiernos se redoblan a diario para aplanar la curva de la pandemia y frenar el contagio masivo de la población, los casos positivos y los fallecimientos se mantienen en ascenso en la mayoría de países donde el virus se ha propagado de manera veloz. De acuerdo con los más recientes balances epidemiológicos, Estados Unidos sigue siendo la nación más golpeada, con más de 90 mil muertes, seguido de Reino Unid, Italia, España, Francia y Alemania que ya superaron en la cifra de contaminados a China, el foco inicial del germen infeccioso. El país norteamericano también encabeza los reportes de personas que han perdido sus puestos de trabajo durante la emergencia provocada por el Covid-19, con el récord histórico de 27 millones de desocupados, lo que ha llevado a muchos de ellos a elevar solicitudes de ayuda por desempleo para poder sobrevivir a la crisis. La difícil situación obligó al Presidente Donald Trump a realizar una inyección de dinero importante (dos billones de dólares) para impulsar el consumo y las ventas minoristas, la cual no fue suficiente, por lo que se vio en la necesidad de buscar nuevos recursos para enfrentar la amenaza viral, sobre todo en Nueva York, donde se concentra la mayor parte de los casos. El impacto que ha tenido la enfermedad en el mercado laboral a nivel global, está ligado, según los analistas, a las medidas de confinamiento decretadas por los gobernantes para atajar la epidemia en sus territorios. Según la firma Oxford Economics, Estados Unidos perderá por la pandemia unos 30 millones de puestos, sin contar con lo que sucederá en el resto de países, con consecuencias enormes en lo social. Por eso, los mandatarios han apretado el acelerador para amortiguar el golpe en las empresas, los trabajadores y familias, con normas excepcionales y solicitudes de créditos a la banca mundial.

El impacto en Europa
Luego de semanas difíciles, con cientos de miles de contagiados, Europa ha comenzado a flexibilizar las normas para ir reactivando su economía de manera gradual, pese a que los científicos han advertido sobre el riesgo de un repunte de los casos positivos en sus países, ante la decisión de los gobiernos de retornar a la normalidad lo antes posible para reabrir el aparato productivo y evitar un descalabro mayor. Por ejemplo, España, cuyo gobierno decretó el confinamiento social en marzo pasado ante el crecimiento exponencial del virus, inició la reapertura de algunas empresas que por la naturaleza de las actividades que desarrollan, tienen que operar en planta. Los empleados de sectores como la construcción y la industria manufacturera, retornaron a sus sitios de trabajo bajo rigurosas medidas de protección para evitar infectarse entre ellos o en su desplazamiento de una zona a otra. “Todos queremos volver a las calles, pero deseamos aún más ganar esta guerra y prevenir un repunte”, dijo el presidente Pedro Sánchez al explicar que la población más vulnerable al contagio deberá permanecer en casa como mecanismo de prevención. Al igual que el país ibérico, otras naciones como Italia, donde más de seis mil ancianos murieron en asilos durante el pico más alto de la pandemia, comenzó también a ceder en sus restricciones. Sin embargo, en la gran mayoría de estados europeos seguirán prohibidos los eventos públicos hasta los meses de junio y septiembre. “Si abrimos Dinamarca demasiado pronto, corremos el riesgo de que las infecciones repunten rápidamente y tengamos que volver a cerrar”, reconoció la primera ministra, Mette Frederikssen. El mismo temor lo expresó en días pasados, la canciller alemana, Angela Merkel, quien admitió que flexibilizar demasiado las normas podría poner en peligro los resultados alcanzados hasta ahora para preservar la vida de la gente. “Sería una pena que hubiese una recaída, y que tuviésemos que dar marcha atrás”. Y es que la Organización Mundial de la Salud (OMS), alertó sobre el riesgo de suspender tan rápido el aislamiento social, debido al comportamiento inusual que ha tenido la epidemia. En abril pasado, en un portaaviones francés, un total de 940 marineros dieron positivo por Covid-19, de los cuales 500 presentaban síntomas y 20 fueron hospitalizados. El origen de los contagios es un enigma, ya que la tripulación, en misión durante tres meses, no había estado en contacto con el exterior.




Si por Europa llueve, por América Latina no escampa. A pesar de la intensa labor de las autoridades sanitarias y de los gobernantes para contener la pandemia, la curva de contagios sigue su carrera ascendente, con más de 27 mil muertos y alrededor de 500 mil infectados en la región. El foco mayor está en Brasil, país que registra más de 16 mil fallecidos, cifra que podría crecer en los próximos días cuando la epidemia alcance su pico más alto. En la lista de naciones afectadas por la emergencia, figuran México, Ecuador, Perú, Argentina, Colombia, Chile, Paraguay, Venezuela y El Salvador, entre otras, donde los recursos se han orientado al fortalecimiento del sistema de salud para dotar a la red hospitalaria de personal, equipos médicos y Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) ante la eventualidad de una demanda superior. Aunque dos tercios de los decesos se han producido en Europa, existe preocupación por lo que pueda ocurrir en Centro y Suramérica, así como en el Caribe, por la fragilidad que presenta el aparato sanitario en algunos de sus territorios. Del mismo modo que en Asia y el viejo continente, en el hemisferio se tomaron medidas especiales para frenar el avance del virus, como el cierre de fronteras y el confinamiento obligatorio en casa, lo que generó cuantiosas pérdidas económicas a restaurantes, bares, discotecas, hoteles, agencias de viajes, aerolíneas, ligas internacionales de fútbol, actividades del espectáculo y empresas con excepción de las surten de alimentos y productos básicos a la población, que debieron parar operaciones de manera provisional.Guayaquil es una de las ciudades de Suramérica más golpeadas por el virus
Así como el impacto económico fue fuerte en China, Europa y Estados Unidos, también lo será en América Latina, donde los gobiernos están negociando empréstitos con la banca mundial y organismos multilaterales para mitigar los efectos sobre los sectores productivos y el empleo. Es el caso de Colombia que ya gestionó créditos por 14.000 millones de dólares, 11.000 millones de ellos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) para que el emisor pueda dotar de liquidez al sistema financiero y 3.000 millones ante el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el CAF (Banco de Desarrollo de América Latina) para atender las necesidades presupuestales y compensar la reducción de ingresos que ha generado la emergencia sanitaria. “Hemos diseñado, con mucho cuidado, el uso de recursos, dividiéndolos en usos para atender la inmediata situación que va a requerir unos desembolsos rápidos, unas importaciones rápidas de equipos y un apoyo a las entidades prestadoras de los servicios de salud”, dijo el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. El propósito del gobierno colombiano es mantener en funcionamiento la economía con base en garantías de crédito, reprogramaciones y el respaldo del sector público a las decisiones que ha tomado el sistema financiero. El director de la División de Desarrollo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Daniel Titelman, cree que los países de la región recibirán el golpe de frente, sobre todo México y Centroamérica, por el desplome de sus principales socios comerciales: China y Estados Unidos, como consecuencia de la epidemia. En un análisis que realizó para la BBC Mundo, el experto aseguró que la baja en el precio de las materias primas afectará las arcas del continente, porque provocará menos entrada de dólares por exportaciones a la zona. Latinoamérica también se verá perjudicada por la interrupción de las cadenas de producción a nivel global y una menor demanda de servicios turísticos, lo que impactará a países como México, Cuba y República Dominicana que reciben una parte importante de ingresos por esa actividad. También por la fuga de capitales y devaluación de las monedas locales, a causa de la parálisis de sus economías durante el primer semestre del año. “La gente se asusta y busca refugio, llevándose los capitales a lugares más seguros, como los Bonos del Tesoro de Estados Unidos”, aseguró el especialista.
Los gobiernos de la región están negociando empréstitos con el FMI para mitigar los efectos de la pandemia sobre sus economías.
Alternativas para mitigar la crisis
Para paliar la crisis económica, los países europeos acudieron a miles de millones en préstamos a empresas afectadas por el virus, todos ellos respaldados por los gobiernos, suspendieron el pago de hipotecas por tres meses para quienes presentaban dificultades financieras y acordaron exenciones tributarias por un año para los sectores más perjudicados por la emergencia sanitaria. A los trabajadores independientes los exoneraron de los pagos de la Seguridad Social y les garantizaron los servicios de agua potable e internet, mientras a las familias con bajos recursos económicos, les entregaron ayudas directas para aliviar su situación durante la pandemia. Medidas similares fueron adoptadas en América Latina para minimizar el impacto de la epidemia en materia social. En Argentina, por ejemplo, el gobierno acordó aumentos en los subsidios a la pobreza, los jubilados y desempleados, así como la entrega de créditos a pequeñas y medianas empresas, mientras que en México se anunció la ampliación de los programas de gasto social para subsidiar a las personas de la tercera edad. En Brasil, una de las naciones más afectadas por el germen infeccioso en la región, se dispuso la inyección de US$29.000 millones a la economía para ayudar a la población más pobre del país. En Colombia, el Presidente Iván Duque Márquez adelantó para abril de este año la devolución del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a las familias en situación de pobreza y vulnerabilidad y anunció una serie de normas para apoyar a los sectores sociales y productivos, con el fin de que los daños ocasionados por la pandemia fueran los menos posibles. Una de ellas tiene que ver con la capitalización del Fondo Nacional de Garantías (FNG),
La urgencia de mascarillas y respiradores
Sin excepción, los países golpeados por la pandemia han iniciado una carrera contra el reloj para abastecerse de mascarillas y respiradores con el propósito de que el sistema de salud pueda responder a un contagio masivo de la población. Y es que a la falta de insumos médicos se atribuye el alto número de infectados en países como Italia y España. Por eso, productos como los ventiladores mecánicos, tapabocas, guantes de látex y gel antibacterial, son los más apetecidos en este momento en el mundo para protegerse del nuevo virus, que se transmite a través de gotas respiratorias que se producen cuando una persona infectada tose, estornuda o habla. Algunas naciones europeas han denunciado una competencia desleal para acceder a esos elementos a un precio mucho más alto del que normalmente se consigue en el mercado local. La Casa Blanca fue acusada, incluso, de confiscar el material médico fuera de su territorio para atender la demanda interna ante el disparo de la curva de contagios. Perú teme que sus pedidos de equipos a China para prevenir la infección, sean incautados por otros países que también los necesitan. Según la prensa extranjera, Brasil perdió un pedido de productos médicos que había encargado a la nación asiática, porque el vendedor priorizó a Estados Unidos por una compra mucho más grande. La situación se estaría presentando debido a que un alto número de hospitales está teniendo problemas de abastecimiento en el mundo y la oferta es poca frente a la demanda que existe actualmente.



Por: Martra Trujillo Cortés
Editora Revista el congreso siglo XXI
