Desnutrición, un desafío que el país debe reducir de manera sostenida
La Desnutrición Crónica es el resultado de largos períodos en los que niñas y niños no reciben los nutrientes necesarios para crecer adecuadamente. Cuando el cuerpo no cuenta con esos recursos básicos, su desarrollo se detiene y lo mismo ocurre con el cerebro. Por eso, la Desnutrición Crónica no es solo un problema de estatura: es una condición que limita el desarrollo cognitivo y afecta, a largo plazo, la formación del capital humano y las capacidades sociales y económicas de un país. Por ejemplo, cuando una niña o un niño crece con esta condición, puede tener una disminución de hasta 14 puntos en su coeficiente intelectual, cinco años menos de educación y un salario un 54 % inferior que la media. (Lessa Horta, y otros, 2016). La Desnutrición Crónica (DC) en la primera infancia no es únicamente un problema alimentario; es el resultado de una cadena de determinantes sociales que atraviesan la vida de millones de familias. La pobreza limita el acceso a alimentos adecuados, pero también reduce las oportunidades educativas y laborales de las madres, quienes en muchos hogares asumen solas la crianza. Esa combinación de precariedad económica, sobrecarga de cuidado y estrés sostenido deteriora la salud mental de madres, padres y demás cuidadores, afectando las condiciones en las que crecen las niñas y los niños. Por eso, enfrentar la desnutrición exige mirar más allá de la nutrición misma: implica abordar de manera integrada el bienestar emocional, la empleabilidad y el entorno social de las mujeres que sostienen la vida familiar. Impacto en el crecimiento de los niños “La desnutrición crónica se manifiesta en el retraso del crecimiento lineal en los niños, siendo esto un fenómeno multicausal, en donde la inadecuada alimentación especialmente en los primeros años de la vida (lactancia materna y alimentación complementaria), dificultad en el acceso a agua potable y a servicios de salud, además de condiciones de pobreza, imposibilitan en los más pequeños tener el desarrollo adecuado para su edad, resultando en etapas posteriores de su vida en oportunidades educativas reducidas y, con ellas, las posibilidades de empleo formal. En muchos casos, las madres, quienes cumplen un papel determinante en el bienestar de niñas y niños, enfrentan mayores barreras para acceder a educación y trabajo digno. Menos ingresos significan menor seguridad alimentaria y, en consecuencia, mayor riesgo de desnutrición crónica en sus hijos. Es un círculo que termina afectando no solo a la niñez, sino también al desarrollo humano y económico de todo el país”, expresa Juan Carlos Burgos, nutricionista de la Fundación Éxito. ¿Y cómo podemos atenderla o prevenirla? Burgos explica que “de manera particular, en el niño o niña quien la padece, es necesario suministrar alimentos de alta calidad de acuerdo con la edad, como: leche materna, además de otros alimentos fuentes de proteínas, vitaminas, minerales y demás nutrientes. No obstante, al ser un fenómeno multifactorial, es necesaria la complementariedad con el acceso a servicios de salud para hacer el respectivo seguimiento, agua segura a nivel familiar, y acompañamiento a los cuidadores en crianza adecuada”. Crecer y vivir con inseguridad alimentaria Lo cierto es que, de cada 100 hogares, 25,5 experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en 2024. Los resultados, muestran que los hogares monoparentales (hogares conformados por madre o madre,con hijos) tienen los niveles más altos del indicador (30,9%) La presencia en el hogar de niños/as menores de 5 años, niños/as o adolescentes menores de 18 años o personas de 5 años y más con discapacidad aumentan la probabilidad de que el hogar experimente inseguridad alimentaria moderada o grave. Las prevalencias respectivas para esos hogares fueron de 31,5%, 29,7% y 35,0%, superiores a las estimadas para hogares sin presencia de personas con esas características1. DANE
Desnutrición, un desafío que el país debe reducir de manera sostenida Read More »
