En una zona boscosa del departamento del Putumayo, el hallazgo de tres monos muertos (un aullador, un cariblanco y un mono araña) activó una alerta clave para el sistema de salud. Gracias a la preparación del equipo local, se pudo detectar a tiempo un brote de fiebre amarilla y actuar rápidamente para evitar que se extendiera a zonas urbanas.
“Antes, los monos se habrían enterrado sin saber qué pasó. Pero ahora, gracias a la capacitación recibida, supimos que debíamos analizarlos”, explicó Wilder Pérez, profesional de apoyo del programa de Enfermedades Transmitidas por Vectores y Zoonosis de la Secretaría de Salud Departamental del Putumayo.
Pérez había participado meses antes en un taller regional sobre vigilancia en fauna silvestre y mosquitos, organizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Allí aprendió cómo tomar muestras de manera segura, identificar vectores y coordinar acciones entre diferentes sectores.
La formación fue clave para que, ante este hallazgo, se activaran medidas como la vacunación de trabajadores ambientales, estudios entomológicos y análisis del entorno. Gracias a esta respuesta rápida, se confirmó la presencia del virus y se evitó que se propagara a poblaciones humanas cercanas.
El departamento más afectado por el brote ha sido Tolima, donde se han reportado 95 casos humanos y 35 muertes desde finales de 2024 hasta junio de 2025. En total, en el país se han confirmado 114 casos y 49 fallecimientos, además de 56 brotes en primates no humanos.
Una vigilancia que se fortalece
El avance del virus en zonas donde no se reportaban casos desde hace más de un siglo —como Tolima— ha motivado el fortalecimiento de la vigilancia. En mayo de 2025, en Mocoa (Putumayo), se realizó un segundo taller de vigilancia epizoótica y vectorial con la participación de profesionales del Ministerio de Salud, el Instituto Nacional de Salud, el Ministerio de Ambiente, Parques Nacionales y expertos internacionales.
“El trabajo en red y la transferencia de conocimiento entre territorios nos ha permitido responder de manera más coordinada y efectiva”, señaló Mauricio Javier Vera Soto, Coordinador de Gestión Integrada de Enfermedades Endemo-Epidemicas del Ministerio de Salud.
Colombia no es el único país afectado. En lo que va del 2025, Bolivia, Brasil, Ecuador y Perú también han notificado casos de fiebre amarilla. Y lo más preocupante es que varios de estos brotes se han presentado fuera de las zonas amazónicas, lo que exige una vigilancia más amplia.
Ante este escenario, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha insistido en reforzar la vacunación en zonas rurales, mantener la vigilancia activa en selvas y actuar ante cualquier señal, como el hallazgo de animales silvestres muertos.
Una sola salud: un enfoque necesario
Para los expertos, esta situación demuestra la importancia del enfoque de “Una Sola Salud”, que integra la salud humana, animal y ambiental. “Mientras no exista bienestar ecosistémico, no habrá bienestar humano”, expresó Mayra Alejandra Vargas, Coordinadora del Equipo de Bienestar y Protección Animal del Ministerio de Ambiente. “Los primates que se están viendo afectados son parte de nuestro ecosistema. Cuidarlos también es protegernos”.
La experiencia en Putumayo y Tolima deja una lección clara: la vigilancia en la selva puede marcar la diferencia entre controlar un brote o enfrentar una emergencia mayor.
Tomado de: Mi Putumayo Noticias
