La falta de fondos nacionales amenaza el avance de obras como el metro y el Regiotram.
El reciente decreto emitido por el Gobierno Nacional ha causado un gran revuelo en Bogotá, generando incertidumbre respecto a algunos de los proyectos de infraestructura más importantes de la ciudad. En particular, el aplazamiento de los giros prometidos ha puesto en riesgo el avance de obras clave, como el metro y el Regiotram, lo que representa un desafío significativo para la administración del alcalde Carlos Fernando Galán y amenaza el desarrollo urbano de la capital.
El impacto en los proyectos de movilidad en Bogotá es considerable. El Decreto 069, firmado el 24 de enero de 2025 por el ministro de Hacienda, Diego Alejandro Guevara, ha alterado las bases de la planificación urbana. En este contexto, la primera línea del metro, uno de los proyectos más representativos de la ciudad, es uno de los más perjudicados. Se ha confirmado que los giros previstos para este año se han aplazado en 770.309 millones de pesos, lo que supone un revés importante para las metas de modernización del transporte en Bogotá.
A su vez, varios proyectos clave, como la troncal de la Calle 13, el Regiotram de Occidente y las iniciativas para la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, se ven comprometidos debido a los aplazamientos en los giros prometidos. Por ejemplo, la troncal de la Calle 13 enfrenta un retraso de 328.532 millones de pesos, afectando tanto los contratos adjudicados como los pendientes. Esto pone en riesgo la continuidad de importantes obras para la movilidad y el desarrollo regional.
Ante la crisis generada por los aplazamientos de los giros nacionales, el alcalde Carlos Fernando Galán ha adoptado una postura decidida. En una reunión de emergencia con su equipo económico y las entidades afectadas, como el IDU y la Empresa Metro de Bogotá, evaluó el impacto y buscó soluciones para continuar con las obras. Galán aseguró que “el progreso de Bogotá no lo detiene nadie” y anunció que la ciudad asumirá la carga financiera del incumplimiento del Gobierno Nacional hasta 2026. Además, destacó que Bogotá ha invertido tres veces más recursos que la Nación en estos proyectos, resaltando que los aportes nacionales no son un favor, sino el cumplimiento de contratos firmados.
Sin embargo, la decisión de aplazar los giros nacionales no solo afecta a Bogotá, sino también a proyectos regionales, como el Regiotram de Occidente, impulsado por la Gobernación de Cundinamarca. Este tren ligero, que conectaría varios municipios con el centro de la capital, enfrenta ahora incertidumbre financiera, a pesar de contar con la aprobación de la ANLA por su enfoque en energías limpias.
Por otro lado, la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca enfrenta un aplazamiento de 86.829 millones de pesos, lo que pone en riesgo varios proyectos regionales cofinanciados por la Gobernación, Bogotá, Soacha y la Nación.
Entre los proyectos afectados están la intersección de la calle 80, el puente sobre la quebrada Tibanica y la fase IV de TransMilenio en Soacha. Estos retrasos no solo afectan la infraestructura, sino que también generan desconfianza en los procesos de contratación y planificación, lo que podría impactar negativamente en futuros proyectos, como la segunda línea del metro.
En este sentido, el actual panorama presenta grandes desafíos para Bogotá y su área metropolitana. La decisión del Gobierno Nacional de modificar acuerdos previos genera desconfianza y podría dificultar futuras negociaciones y acuerdos de cofinanciación. Así, la administración de Galán debe enfrentar el reto de mantener los proyectos en marcha y buscar nuevas fuentes de financiación. La capacidad de Bogotá para asumir temporalmente los compromisos nacionales será clave para evitar la paralización de obras. En última instancia, el futuro de la movilidad y el desarrollo urbano en la ciudad dependerá de la habilidad del gobierno distrital para encontrar soluciones y negociar con la Nación.
