julio 16, 2024
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Producción Nacional

Senadores de la Comisión V buscan fortalecer la producción nacional

Creación de un pacto nacional que genere fuentes de empleo, programas de innovación, importación de materiales genéticos, fomento de la agroindustria y transformación productiva, fueron otras de las propuestas durante el debate de control político. En debate de control político de la Comisión Quinta del Senado de la República, donde se analizó el incremento de las importaciones agropecuarias en el país y la afectación a los productores nacionales, citado por los senadores Jorge enrique Robledo (Dignidad Colombia), Jorge Eduardo Londoño (Alianza Verde) y Guillermo García Realpe (Liberal), quedó evidenciado que el país, pasó de importar 282 millones de dólares en bienes agropecuarios en 1991, a 6.005 millones de dólares en 2020, un incremento del 2.000 por ciento. Como senador citante, Jorge Enrique Robledo, precisó que la apertura económica significó la inundación de las importaciones agrícolas, pero con los TLC fue “la quiebra del agro colombiano”. Sobre las importaciones agropecuarias en Colombia, Robledo hizo énfasis en que llegaron a 78 millones de toneladas de productos agrícolas, lo cual representa 49 mil 580 millones de dólares y “696 mil millones de dólares valen las importaciones industriales de ese tiempo a acá. Yo no me opongo a que se importe, lo que uno no debe hacer es renunciar a lo que sí se puede producir”. “Pasamos de 2.8 millones de toneladas a 5.6 millones de toneladas, es decir, un incremento del doble”, sostuvo Robledo sobre las exportaciones. El congresista concluyó su intervención proponiendo un pacto nacional con el fin de crear fuentes de empleo en el agro, donde actúen el capital y el trabajo en pro del desarrollo del país, teniendo en cuenta, una política que apunte a la exportación y al mismo tiempo a la sustitución de importaciones.   Para Jorge Eduardo Londoño (Alianza Verde), también citante del debate, aseguró que en Colombia se carece de condiciones técnicas, fitosanitarias y económicas para competir en igualdad de condiciones con la producción subsidiada de otros países. “En el país, los campesinos producen el 70% de los alimentos que consumimos, sin embargo los pocos recursos que se invierten en el sector se concentran en grandes productores, el país debe volver a la economía del agro” precisó. Respecto a la producción agropecuaria nacional del 2000 al 2010, Londoño, explicó que esta, creció 0,91% anual, registrando de 2010 a 2018 un crecimiento anual del 4,6%, en lo corrido de este gobierno se estancó en el mismo 4,6%, estancamiento que ocasionó en el 2020 la pérdida de ocupación a 330.000 personas del sector rural, de las cuales 185 mil pertenecen al sector agropecuario.   Durante su intervención, el ministro de Agricultura, Rodolfo Zea Navarro, se refirió a las exportaciones en el sector agropecuario, piscícola y pesquero, indicando que las del año 2020 en dólares han sido las más alta de la historia según las estadísticas que registran. “esto se logra a través de la penetración y admisibilidad de productos colombianos en nuevos mercados y que podamos llegar al exterior. el año pasado se exportaron aproximadamente unos 7 mil 856 millones de dólares y se importaron 6 mil 488 millones de dólares”, puntualizó Zea Navarro. El jefe de la cartera agrícola nacional, además de resaltar el crecimiento de importaciones en aceite de palma, azúcar, carne bovina y ganado en pie, habló sobre la importancia de los productos en dichas exportaciones, especificando, “las no tradicionales, sacando café, flores y bananos, hemos ido diversificando año a año, por ejemplo en uno de los productos mencionados en el debate, el aguacate, llega a exportaciones en el 2020 a 146 millones de dólares”. Según datos de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) en Colombia de las 40.075.960 hectáreas, (35%) del territorio continental hacen parte de la frontera agrícola nacional, donde se permite el desarrollo de actividades económicas agrícolas, pecuarias, forestales, acuicultura y pesca. Dentro de esta frontera agrícola solo el (30%) de los suelos se cultiva actualmente. Al cierre del debate, la senadora Nora García Burgos, en calidad de presidente de la Comisión Quinta, anunció que se convocará la próxima sesión por secretaría. Cortesía del Senado. 

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A sustituir importaciones

Por: Jorge Enrique Robledo Senador del Polo Democrático Alternativo Constituye una certeza el fracaso de la política agraria que Colombia inició en 1990. Las importaciones pasaron de medio millón de toneladas a cerca de trece millones, arruinando renglones enteros de la producción y agravando la pobreza y la desigualdad. Y como sigue el proceso de desprotección del agro, lo importado está creciendo a costa de los productores de arroz, leche y carnes y son grandes las asechanzas contra la caña y la palma. En contraste, se exportan los mismos productos de esos días: café, banano y flores, más pequeñas cantidades de frutas, cuyos despachos, pretendiendo engañar, el gobierno cacarea con exageración. La globalización neoliberal no puede ser más leonina: Colombia acepta alimentarse con productos extranjeros subsidiados que las condiciones ambientales nos permiten producir, a cambio de que Estados Unidos y Europa nos importen los bienes tropicales que el clima les impide cosechar y cuyas compras y ventas les generan enormes ganancias. Al detallarlo, el gana-gana para ellos es todavía peor para nosotros. Porque la superproducción es la tendencia predominante en el mercado global de los frutos tropicales, lo que empuja los precios a la baja, reducción que además estimulan las trasnacionales que controlan el comercio, que para colmo se 175 valen de poderosos testaferros en los países que esquilman. Asalariados, campesinos, indígenas, artesanos y empresarios deben unirse en el propósito de reemplazar producción extranjera por producción y trabajo nacionales. El café sirve de ejemplo. Mientras que en Colombia campesinos, indígenas y jornaleros languidecen en la pobreza y la miseria y una clase media empresarial lucha para no quebrarse y para no perderlo todo, hasta sus tierras, las trasnacionales que controlan el comercio están pagando por el grano cerca de un dólar la libra, precio que es, en términos reales, ¡una tercera parte del de 1984! Es tan ínfimo ese pago, que pueden darse el lujo de castigar el café con altos impuestos en sus países y aun así hacer grandes utilidades financieras y comerciales. En Alemania, dice Café for Change, el café tostado paga 2,19 euros por kilo y el molido, 4,78, exacciones que le han generado al Estado cincuenta mil millones de euros desde 1950.  ¿Qué hacer ante esta realidad, que treinta años de engaños y mentiras ya no logran ocultar? De un lado está lo que le gusta a Duque, cuyo ministro de Agricultura se ufana del éxito –falso, por lo demás– de la balanza comercial agraria que encontró, ensalzando así las políticas agrarias del gobierno de… ¡Santos! Y el plan de desarrollo en trámite ratifica las políticas antiagrarias que impone la OCDE y facilita el volteo de tierras, consistente en destruir buenas tierras agrícolas al urbanizarlas en negocios de especulación inmobiliaria de uno u otro tipo. ¡Un crimen irreversible en contra del país, que está pasando de agache! La otra opción es la que se propone aquí. Primero. Que el gobierno nacional promueva un acuerdo con los gobiernos de los países productores para instar a las naciones consumidoras y a las trasnacionales a acordar el aumento de los precios del café y de otros bienes tropicales. Segundo. Que sin dejar exportar, la política agraria vire hacia la sustitución de importaciones, para reemplazar por producción nacional los bienes agrarios que se están comprando en el exterior. Así se le daría un gran respaldo a la generación de riqueza en el campo y se aumentarían el empleo y los ingresos por salarios, estimulando el desarrollo industrial y toda la economía nacional. Es decir, se promovería el círculo virtuoso que opera en los países desarrollados, donde el Estado sí respalda en serio la producción agropecuaria e industrial.  Entre las medidas para sustituir importaciones es principal una inspirada en lo que ocurre en Estados Unidos: que parte de los subsidios a la pobreza –Familias en Acción, Colombia Mayor…– se pague con comida producida en Colombia y que también con esos productos se alimente a las Fuerzas Armadas y a los niños de los programas oficiales. La sustitución de importaciones también debe ser política industrial, en defensa, para empezar, de zapateros y confeccionistas, a quienes Duque les puso conejo, como ya se sabe. Asalariados, campesinos, indígenas, artesanos y empresarios deben unirse en el propósito de reemplazar producción extranjera por producción y trabajo nacionales.

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