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Radio Net 1

 

Lunes, 25 Abril 2016 00:00

Defendamos la majestad del Estado.

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Álvaro Erazo Paz
Director

 

Demos un paso al frente y defendamos, sigamos defendiendo, la majestad del Estado y sus instituciones, vale la pena repetirlo.

Con el transcurrir del tiempo, el hombre ha creado sus instituciones y no ha cesado ni un solo instante en la búsqueda de los estatutos y reglamentos morales y materiales que permitan lograr un Estado ideal, la organización política perfecta. De la época feudal que dominaba en los comienzos de las sociedades se ha llegado al concepto de Estado que define Rafael Bielsa: “… es la organización jurídica de la nación, en cuanto es ésta una entidad concreta material compuesta de personas y de territorio”.

Y dentro de él están el Congreso de la República, las Fuerzas Militares, los partidos políticos, la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo de Estado, la Fiscalía General de la Nación, los tribunales y los jueces. Todas ellas y sus servidores, representantes del pueblo, deben actuar consultando la justicia y el bien común según reza la Constitución.

En consecuencia, las instituciones del Estado y el Estado en sí, gozan de la majestad que les otorga el pueblo; son sagradas, se respetan. Muchos son los hombres que las han enaltecido y otros tantos se han enaltecido en el desempeño de sus funciones. Pero…

Lastimosamente, un pero se ha hecho presente en algunas de ellas y como bien lo dijo Simón Bolívar: “Todos hablan de responsabilidad, pero ella se queda en los labios” y vivimos la más grande y triste crisis por culpa de esa frase despectiva, ofensiva, con la cual generalizamos y nadie se escapa de ser prevaricador, corrupto, deshonesto y cuyo uso es común: “¡los colombianos son así!”… “¡los periodistas son todos así!”… “¡los policiales son así!”… y, con las mismas palabras se va calificando a gobernadores, alcaldes, congresistas, concejales, comerciantes e industriales. Nadie se salva y las instituciones caen en desgracia porque desconfiamos de ellas. Estamos a punto de creer, y muchos así lo consideran, que Colombia es un pandemónium y no tenemos salvación.

No hay tal. No se puede negar que unos pocos han errado, han faltado a todo mandamiento, pero no por ello debemos condenar a la Policía Nacional y a sus miles de servidores que dan la vida o sufren la amputación de miembros por culpa de las minas que ha sembrado la guerrilla en los campos, cerca de los colegios, o en las mismas calles de las veredas. Ello, cuando no son asesinados o secuestrados.

Tampoco todos los periodistas pueden recibir la calificación que se le endilga, con o sin razón, a uno de sus miembros por haber recibidos coimas, vender su conciencia, o aprovechar este cuarto poder para satisfacer su ego. Ni qué hablar de las Cortes. Uno solo de ellos hace que quede en tela de juicio los sesudos y estudiados fallos en los que debieron poner a prueba los conocimientos de las normas existentes. Y de los carruseles de la contratación, de la justicia ordinaria, de servidores que van desde lo más pequeño hasta lo más encumbrado son calificados por igual olvidándonos de que sí hay en el país hombres y mujeres que oponiéndose a los malos manejos se exponen a las revanchas de los delincuentes y lo dan todo en aras de salvaguardar el desempeño transparente de las instituciones que lucen la majestad del Estado por la voluntad del pueblo que es la voluntad de Dios.

No olvidemos que mucha sangre se ha derramado en este país sacrificando líderes que cayeron vencidos defendiendo las instituciones cuya majestad, repetimos, aunque sea pisoteada por algunos, siempre tendrán su nombre en alto como son nuestra Policía Nacional, nuestras cortes, nuestra justicia, nuestro periodismo… Demos un paso al frente y defendamos, sigamos defendiendo, la majestad del Estado y sus instituciones, vale la pena repetirlo.